Por: Kilssy Méndez
Wikipedia señala como periodismo a aquella actividad que consiste en
recolectar, sintetizar y publicar una información proveniente de un hecho o acontecimiento dado. En algunos países colocan la disciplina del periodismo dentro de la sociología por el aspecto social que tiene y otros dentro de la ciencia de las comunicaciones por los aspectos relacionados con la comunicación, los medios que se emplean para difundir la información y el conjunto semiótico que se construye a partir del hecho que se da a conocer.
Lo cierto es que partiendo del significado de periodismo, hay ciertas reglas (Deontología) que se deben respetar para no cruzar la delicada línea que diferencian a un periodista o comunicador de un simple contador de historias, ya que este último no conoce y por ende, no utiliza el filtro por el que todo hecho debe pasar antes de ser una noticia que pueda llegar al público lector, siendo este filtro una práctica de ética profesional y responsabilidad social de suma importancia.
A veces es fácil imaginarse que por el hecho de que seamos capaces de comunicarnos y tener libertad de expresión, el periodismo sea una disciplina que podamos ejercer todos los que por naturaleza podemos expresarnos de formar verbal, escrita o por señas, cayendo en el gravísimo error de comunicarnos pero no de forma efectiva, de contar un hecho pero no de informarlo, tergiversando y causando un juego de emociones en nuestros receptores para capturar su atención, lo que hoy en día se conoce como periodismo amarillista.
Esta forma de informar es aquella que incluye titulares de catástrofes y gran número de fotografías con información detalladas (Muy explicitas) acerca de accidentes, crímenes, adulterios y enredos políticos, teniendo como finalidad aumentar el morbo, lo aberrante y lo banal del ser humano, dejándole a los lectores el trabajo de tomar y desechar aquellas informaciones que le puedan o no hacer daño y lamentablemente el morbo vende.
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Desgraciadamente esto pareciera no importarle a la mayoría de periodistas y comunicadores en la actualidad. Vender sus medios, ser los más leídos, más buscados y de mayor popularidad es el principal objetivo de directores de medios que se valen de una carnada sangrienta y desprestigiante a la hora de informar, algo que no solo enferma a la sociedad sino que la desensibiliza, lo que ha contribuido a la desvalorización de la vida, la moral, el respeto y la privacidad al que todos tenemos derecho.
Y me pregunto, ¿Nos ha ganado realmente la batalla el periodismo amarillista y sensacionalista a la prensa ética y responsable?
Es una pena que solo recordemos la deontología de las profesiones solo cuando estamos evaluándonos en un examen y sea la respuesta obligatoria para pasarlo, pero que a la hora de llevar nuestras profesiones a la realidad importe más la conveniencia personal que la social. Y es igual de lamentable que personas que se sientan atraídos por el periodismo o la comunicación, encuentren esta disciplina tan fácil de ejercer que no se tomen el tiempo de hacer un breve curso técnico para respetar la etiqueta de esta disciplina, que lamentablemente como el 4to. Poder del Estado que es, se preste más para dañar que para actuar en justicia.
Es hora de iniciar una campaña desaprobando el amarillismo en nuestros medios, haciendo el trabajo de filtro que debemos hacer desde que nos trasladamos al lugar del hecho hasta que lo informamos, basta ya de teñir nuestros medios de sangre, muertes, violencia, escándalos y sexo, habiendo tantas maneras sutiles de informar objetivamente sin la necesidad de dañar ni herir a nadie. ¡No todo se vale!