Todos conocemos la trayectoria en el ámbito farandulero de Roberto Salcedo, quien después de estar por muchos años haciendo reír a los dominicanos, aspira a la alcaldía de Santo Domingo y lo logra, hasta al punto de llegar a ser el mejor valorado en los últimos tiempos.
Dicho esto, quiero referirme a mi trayectoria y por qué aspiro a la sindicatura de Barahona. He sido limpiabotas, trabaje construcción, vendí jalaos, vendí pan de azúcar, fui mensajero de la empresa que hoy dirijo, entre otros trabajos pesados a mucha honra, para poder llegar a ser hoy el director de 18 emisoras por 18 años de la cadena de más grande y exitosa del Sur de la República Dominicana, fueron muchos sinsabores que pasé. Humildemente, dirigir 18 emisoras por 18 años, no es paja de coco. Y que conste que a nadie le regalan nada.
Luego incursiono en la política y más tarde llego a ser viceministro de turismo y hoy asesor nacional de la misma institución. Nunca he estado preso y por ende no estoy fichado en la policía. No me he visto envuelto en ningún tipo de situaciones ilícitas ni reñidas contra la ley. Hoy los que me adversan, columnistas frustrados, por más académico que han sido, no han podido lograr, humildemente, el existo que he alcanzado.
- Publicidad -
Quiero ser el síndico de Barahona, para cambiar muchas cosas. La experiencia gerencial que he tenido en Empresas Radiofónicas y como director de Supra FM en la capital y en el ministerio de turismo, me avalan para ser una buena gestión administrativa al frente del ayuntamiento municipal.
Soy aspirante a la alcaldía de Barahona, porque siempre he estado ligado a los mejores intereses de mi pueblo, las actividades recreativas, deportivas, culturales y en los momentos difíciles como las temporadas ciclónicas, donde orientamos a la ciudadanía, porque tengo vocación de servicio.
No tengo cola pisada, no hay por donde cuestionarme, simplemente lo que pueden decir es que como Roberto Salcedo, seré un síndico farandulero en defensa de los mejores intereses de Barahona y siempre caminaré en mi pueblo siempre con la frente en alto. Y a quien le sirva el zapato, que se lo ponga.