Aunque la Policía Nacional apresó y sometió a la justicia a Rusbert de León Lara (Ningo), como cabecilla del horrendo asesinato, el fiscal Miguel Morfe Henríquez promovió ante la Justicia que el caso fuera “archivado” por “falta de pruebas”
SANTO DOMINGO. República Dominicana.–La cabeza rodó por el pavimento. El cuerpo inerte bombeó la sangre que corrió por el contén. La turba furiosa que persiguió al joven haitiano por la cañada de Guajimía y lo llevó hasta Buenos Aires, de Herrera, lo decapitó ante los ojos de todos, de niños y adultos, de los que estuvieron aglutinados en los colmados o de los que se encontraban en un velatorio a poco metros de la intersección de las calles 3 y 12.
Todos pudieron ser testigos del linchamiento de Carlos Nerilus. Algunos reían y aplaudían mientras laceraban el cadáver decapitado. Todavía el reloj no marcaba las 3:00 de la tarde del sábado 2 de mayo de 2009 y los niños jugueteaban en la calle.
“Fue como a las 3:00 de la tarde. Ahí (señala frente al lugar donde cayó el cuerpo y la cabeza) había niños de todas las edades”, dice Amada Canela, de 41 años de edad, residente en la esquina donde ocurrió el hecho.
Aunque la Policía Nacional apresó y sometió a la justicia a Rusbert de León Lara (Ningo), como cabecilla del horrendo asesinato, el fiscal Miguel Morfe Henríquez promovió ante la Justicia que el caso fuera “archivado” por “falta de pruebas”.
La turba actuó con saña contra Nerilus, a quien consideraban responsable del asesinato del hermano mayor de Rusbert, que respondía al nombre de Francisco de León Lara (Pascual), un carpintero de 43 años de edad. Como en otros casos de linchamientos –que incluyen víctimas de nacionalidad haitiana– al momento de testificar ante la justicia nadie vio nada.
De 618 homicidios relacionados directamente con la delincuencia ocurridos en 2012, un total de 18 fueron linchamientos, según la Procuraduría General. Entre enero y julio de 2013 el organismo registró 8 ejecuciones a cargo de turbas.
En el caso de Nerilus hubo un cuerpo sin cabeza y tirado en la calle. Pero los testimonios y las crudas imágenes tomadas con teléfonos inteligentes que circularon por las redes sociales no eran “pruebas” suficientes para que la Fiscalía de Santo Domingo encontrara al menos a un culpable de decapitar al joven.
Ahora Rusbert, con 36 años de edad, se dedica a la carpintería. El auto que lo dejó en libertad, marcado con el número 530-2009-01360, lo dictó el 20 de agosto de 2009 la jueza Marcia Raquel Polanco Sena, del Segundo Juzgado de Instrucción del Distrito Judicial de Santo Domingo. La magistrada ordena el cese de la medida de coerción y el archivo del caso que se le seguía por violar los artículos 295 y 304 del Código Procesal Penal, en perjuicio de Carlos Nerilus (el documento dice Merilus).
Aduce que el fiscal Morfe Henríquez se basó en el numeral 4 del artículo 281 del Código Procesal Penal, “que establece disponer el archivo cuando los elementos de pruebas resultan insuficientes para fundamentar la acusación y no existe razonablemente la posibilidad de incorporar nuevos elementos”.
La misma jueza recuerda en el auto que “antes de disponer el archivo el Ministerio Público debe notificar su decisión a la parte querellante o víctima, para que manifieste su posición al respecto, caso en el cual deberá indicarlo por escrito dentro de los diez días siguientes según lo establece el artículo 282 del Código Procesal Penal”. Añade que “en el caso de la especie no es necesaria dicha notificación”.
“Yo nada vi cuando estaba muerto ahí, estaba con la cabeza cortada. Nunca había visto cosa semejante. Nunca en mi vida. Dicen que él (Nerilus) era del barrio”, cuenta Amada Canela.
“La niña mía vio el sangrerío. La cabeza rodó hasta donde está el contén. El cuerpo botando sangre como si fuera una manguera. Cuando llegué a salir (de la casa) ya había rodado la cabeza. Allí hacían el velorio de la persona al que el haitiano supuestamente había matado. Supuestamente ése era al que el haitiano le había mochado la cabeza”.
“Así como yo, hubo muchos padres que tuvieron que llevar a sus hijos al psicólogo. Mi hija tenía 11 años y duró mucho tiempo que no quería pasar por ahí y de noche no dormía. Nunca habíamos visto cosa semejante. Duramos ocho meses yendo a psicólogo en el hospital de Herrera. Duró mucho tiempo sin comer comida, carne… Desde que veía sangre se ponía histérica”.
Amada entiende que debió ser la autoridad la que apresara al sospechoso. “Pero a veces el momento es que decide”, apunta.
Pero la autoridad a la que se refiere podría estar encarnada en funcionarios como el fiscal adjunto Morfe Henríquez. “Las dos personas presentes como testigos eran testigos a descargo, apoyaban al dominicano (Rusbert). Supuestamente dicen que el haitiano (Nerilus) mató al hermano del dominicano por un gallo. Yo archivé el caso. Lo archivé de manera provisional hasta que aparezcan nuevas pruebas”, dice.
“El caso no ha prescripto todavía. Si quieren abrirlo tienen que hablar con la fiscal y que se haga una nueva investigación porque dura diez años abierto”, apunta.
El haitiano había asesinado al dominicano porque se rehusaba a saldarle una deuda de 800 pesos por una semana de trabajo, según informó el entonces vocero de la Policía, coronel Nelson Rosario, cuando ocurrió el linchamiento. “Fue decapitado prácticamente por una multitud”, dijo. “Estamos buscando a Ningo nada más, porque es la persona que se acusa de la muerte del haitiano, para someterlo a la justicia”, añadió entonces.
“La realidad fue que un haitiano mató a un dominicano. El matador fue encontrado por un hermano del muerto y llevado al lugar donde estaban velando al occiso. Allí fue reconocido por una hermana del muerto como la persona que le dio muerte (al dominicano). Entonces, ahí se produjo la avalancha contra él”, explicó Rosario.
El caso provocó una crisis diplomática y obligó a los embajadores de Haití y República Dominicana, Fritz Cineas y Rubén Silié Valdez, a reunirse en la sede de Relaciones Exteriores. El Gobierno dominicano se comprometió a investigar y castigar a los culpables, algo que hasta el momento ha incumplido.
Amnistía Internacional condenó el hecho y pidió al Gobierno dominicano proteger a los inmigrantes haitianos de “ataques xenófobos y racistas”.
Defensa del vengador
Los residentes de Buenos Aires, que participaron en el crimen del sospechoso o fueron testigos de su linchamiento, salieron en defensa del imputado Rusbert de León Lara, como cuenta José Antonio Pantaleón, de 50 años de edad.
Explica que el barrio protestó porque “fue la comunidad que quería vengarse, fue la comunidad que quería vengarse, ¿sabes?, porque lo que le hizo el haitiano a mi amigo Pascual… él no podía hacer eso”, se justifica.
“El haitiano hizo un abuso, y cómo él hizo un abuso, también la comunidad hicimos un abuso”, dice.“Hicimos huelgas aquí, como cinco o seis. Prendimos muchas velas, yo fui uno de los cabecillas también… Se prendió muchas velas, prendimos gomas para que lo soltaran. Gracias a Dios la Justicia vio que el muchacho no tenía culpa y los soltamos, lo soltaron…”
También Angelina Reyes, la madre de Rusbert y Francisco, entiende que la puesta en libertad de su hijo motivada por la actitud que asumió el fiscal Morfe Henríquez fue “una obra de Dios”. “La Policía detuvo a un hijo mío, al más chiquito. Duró tres meses preso porque le creímos a Dios. Que Dios iba a hacer justicia”.
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“No hubo querella de personas extranjeras y si no hubo querella, ¿a quién van a detener ahí? ¿Esperando a quién?”, dice.
Con plegarias elude hablar del linchamiento del sospechoso de nacionalidad haitiana que se produjo a escasos metros del frente de su vivienda.
“Dios se encargó de hacer justicia. Porque Dios lo hace. El abogado fue Dios. Yo no busqué abogado porque cobraban mucho, yo no busqué abogado, yo confié en la justicia dominicana”, dice Reyes, de 65 años de edad.
“Mire cuando Dios toma el dominio del control de las cosas no le da tiempo al hombre. Le pedimos señor haz justicia y Dios la hizo”, insiste.
“Tuve tres hijos y tres que crié. Él (Francisco) fue el primero de los que crié. Él tenía seis hijos. Lo criamos desde los tres años. Él fue decapitado”, apunta, convencida de que Nerilus era culpable.
“Se sabía que era ese joven, porque trabaja con mi muchacho. Era una brigada de extranjeros. Él depositó confianza en él, compró un solar para allá, para Bayona y, entonces, pues se quedó con él. Entonces ese fue el caso, él se llenó de envidia y aprovechó que mi hijo se durmió”, dice.
“Fíjese, un muchacho criado aquí en Buenos Aires. Que llegamos en el 1972. Pascual fue panadero, limpiabotas, hizo de todo. Su papá era carpintero y él se hizo maestro, un maestro especial, con su equipo de madera, su camioneta, un motor, su arma de fuego… Se superó. ¡Aleluya!, se superó, compró ese solar, soñó construir y fíjese como todo se volvió un desastre”.
Los hechos se repiten
Tal como ocurrió en 2009, en noviembre de este año llamó la atención de la prensa el linchamiento del haitiano Coito Pie, de 25 años de edad, ocurrido el día 22 en Las Petacas, Neiba.
La turba buscaba vengar a los esposos dominicanos José Méndez y Luja Díaz Encarnación, cuyos cadáveres fueron encontrados en la vivienda donde residían. La situación desencadenó el temor de los inmigrantes que salieron huyendo de la zona o se presentaron ante tropas del Ejército que los deportaron en forma voluntaria.
El Ministerio de Haitianos que Viven en el Extranjero (MHAVE) emitió un comunicado de protesta y tuvo que desmentir que los inmigrantes linchados rondaban las 30 personas. “MHAVE condena enérgicamente la repetición indiscriminada de actos xenófobos contra la comunidad haitiana en la República Dominicana sobre la base de la presunta participación de algunos de sus miembros en actos delictivos”, indicó.
Luego de la nota de protesta, la Policía apresó al dominicano Héctor Díaz Méndez (Sopita), de 32 años de edad, contra quien un tribunal dictó seis meses de prisión preventiva. Erasmo Díaz Matos, el fiscal adjunto que lleva el caso, explica que el imputado insiste en que “es inocente”. “Él dice que fueron otras personas y que ni siquiera estaba ahí”.
“Las pruebas que tenemos demuestran que él fue que realizó el acto. Hay otros prófugos que la Policía está haciendo esfuerzo por apresar. Al haitiano le dieron con una mocha, fue una muerte instantánea. Él no tenía nada que ver con la muerte de la pareja dominicana. Era un joven conocido por todos allá”.
Pero ya el fiscal titular de Neiba, Rafael A. Vargas Méndez, adelanta que “nadie vio nada”.
Sostiene que Díaz Méndez era la persona que llevaba “la mocha” con la que le dieron “un mochazo en el espinazo” a la víctima. “Hasta ahora no se ha podido vincular a más nadie. Al haitiano lo sacaron de una casa que estaba agachado después del hecho (de la muerte de los dominicanos)”, apunta.
“Después que ocurrió el hecho (el asesinato de los esposos) que provocó esa muerte (el linchamiento de Pie), los familiares de los dominicanos subieron y tomaron represalia”, dice Díaz Méndez.
Asegura que llevará el caso contra Díaz Méndez “hasta las últimas consecuencias”, aunque admite que cuando se produjeron ataques violentos contra inmigrantes haitianos en Majagual, Galván, la Fiscalía no pudo establecer la acusación contra los integrantes de la turba “con elementos fácticos”.
Díaz Méndez se refiere a los hechos ocurridos en junio de 2011 cuando una turba de dominicanos linchó a Eriberto Petito, de 30 años de edad; Tigat Senaza, de 20, y Yoel Pierre, de 30. Sus cadáveres fueron encontrados en el paraje La Plena.
La turba trataba de vengar la muerte del dominicano Alejandro Sánchez Escalante (Ballico), asesinado el 12 de junio del citado año.
La Policía Nacional informó entonces del apresamiento de Sandy Cuevas Féliz, Miguel Nova Cuevas (Cao), Aride Méndez Féliz, Meilin Vásquez y tres menores de 12, 15 y 16 años de edad. La uniformada aseguró que los apresados confesaron su participación en los linchamientos y, en el caso de los menores, que fueron inducidos por los más adultos.
El fiscal Díaz Méndez explica que al final el Ministerio Público llevó un caso criminal contra tres imputados de los imputados, pero “se cayó”, porque –según sus alegatos–la acusación “no se pudo individualizar”. Ahora el funcionario tiene en sus manos la oportunidad de demostrar si realmente el Gobierno dominicano tiene interés de castigar a las personas que se congregan en turbas para atacar a los inmigrantes haitianos, algo que, como diría el presidente Danilo Medina, “nunca se ha hecho”.
Otros inmigrantes linchados
-En octubre de 2009 cuatro inmigrantes haitianos, incluyendo un niño, fueron asesinados a tiros y sus cadáveres fueron encontrados quemados en un horno de carbón vegetal, en la loma El Behuco, entre Boca de Cachón y Los Pinos del Edén, en Jimaní. Las autoridades fueron alertadas por Mesilis Desil, de 41 años de edad, quien sobrevivió al ataque.
-Solano Méndez, un inmigrante de 28 años de edad nacionalizado dominicano. Era profesor de karate. Fue descuartizado en noviembre del 2008 en Neiba, luego del asesinato del motoconchista Julio César Díaz Pérez, supuestamente a manos de haitianos.
-Belizaire Calixte, un pastor evangélico de 70 años de edad, asesinado en Hatillo Palma, Montecristi, en junio 2005. Los dominicanos vengaban el asesinato de la comerciante Maritza Núñez.
Fuente: acento.com.do