• 7ma. Parte.-

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    Un mister de esos americanos que dirigían la empresa, le gustaba la miel de abeja. Y compro una colmena en su barril y la tenía bien lejos de donde la gente se reunía.  Una tarde que están todas las familias en el cayo, una niña se escapo del grupo, y se fue por donde estaba el burril de abejas, se puso a jugar con una varita con el burril de abejas.  La colmena se le fue encima y le tapo la cara a la niña que no se le veían ni los ojos.

    El avión de Mister Corry, lo encendieron y salieron con la niña para el Aeropuerto Rancho Boyero de la Habana y no se cual fue el destino de la niña.

    Este maravilloso insecto, es una de las creaciones más admirables de la naturaleza.  Enmudecemos de asombro, ante la acabada estructuración de sus órganos, fielmente adaptados a sus complejas funciones y sobre todo, ante la poderosa e infalible de sus instintos en el que famosos entomólogos vislumbran una vaga arbolada de inteligencia.

    Lo que más nos impresiona en las abejas es su aptitud casi humana para vivir en grandes colectividades, rindiendo al trabajo un culto fervoroso y subordinado de la vida entera del individuo al bienestar y supervivencia de todos.  Y luego esa verdadera magia con que van cumpliendo los decretos oscuros del instinto. Que supera toda fantasía y hace que el hombre al acercarse a su mundo, no pueda evitar que la curiosidad por lo extraordinario sea el emocionado del corazón.

    De ahí que muy pocos nos diría la ciencia cuando fija su mirada si no se impregnara espontáneamente de poesía cuando contempla este insecto que construye ciudades, cría y educa sus hijos en austeras escuelas, crea industrias, almacena víveres y organiza su cuerpo de policía, prepara sus ejércitos y en todo momento de la vida la entrega por sus reina y su colmena

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