Donde llegue, el comunismo es maldad, tiranía, muerte

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y su esposa, la vicepresidente Rosario Murillo en la mesa del Diálogo Nacional (REUTERS/Oswaldo Rivas)

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Por /A finales del siglo XX y en estas casi dos décadas transcurridas del XXI, Venezuela, la provincia consentida y muy cuidada por los tiranos Castro y ahora por sus herederos, fue la que marcó el estilo de disparar a matar unido también a la destrucción total de la economía y el saqueo pertinaz de las arcas, sin olvidar la entrega de la soberanía a cambio de mantenerse en un Poder decidido y controlado desde La Habana.

Con el paso de los años, algunos países latinoamericanos han podido preservarse de la contaminación comunista, otros se han liberado de gobiernos parte del “Holding” y otros, dolorosamente, no solo continúan dentro de ese espanto, también eligen verdugos que puedan conducirlos al cadalso. Siempre en nombre de la fulana “Patria Grande”, del “Socialismo del Siglo XXI” y de demagogas promesas de “Empezar cada día a trabajar a las 6 de la mañana, no tener residencia oficial y vender el avión presidencial” engatusan a ingenuos, a resentidos y sobre todo logran llegar a los Palacios de Gobierno para luego desde allí acomodarlo todo a sus planes y ambiciones.

Así pues, a la Venezuela guarida, se ha sumado con sus mismas prácticas la Nicaragua tiranizada por el incestuoso Daniel Ortega y su maléfica mujer Rosario Murillo. Prácticas que no más iniciarse el pasado 18 de abril las contundentes y justificadas protestas mostraron al mundo que no son ni diferentes ni creativos y que la muerte, la barbarie y violación de todo derecho es algo que les gusta y que además pareciera que muchos llamados demócratas, otros llamados santos y montones disfrazados de humanísimos ven, fingen repeler pero terminan no solo permitiendo sino convalidando con su olvido…

 

Y no me diga nadie que exagero o que miento, porque esto –como indico- no es nuevo. Y a los “Padres” de esas criaturas perversas, asesinas, destructoras, ladronas, a los “Grandes pedagogos” de ese “Parvulario” integrado por Chávez, Maduro, los Ortega-Murillo, Evo Morales, Lula Da Silva, López Obrador (en periodo de prueba) y la jauría narcoguerrillera que en Colombia promete desestabilizar a Iván Duque y su gobierno, se lo permitieron, se lo aplaudieron, gratificaron y olvidaron. O miento si digo que jamás se les cuestionó a los cubanos castrocomunistas sus crímenes, ejecutados ya antes de tomar el Poder.

Miento si alerto de muchos y muy bien colocados en Venezuela, vestiditos con franelas ya no rojas, pero sí de colores que les permiten el camuflaje de sus vergonzantes enamoramientos con la doctrina y el sistema que en el mundo ha ocasionado más de 100 millones de muertos, después de aquel primer acto brutal donde en la noche del 17 de julio de 1918 y del que hace pocos días se cumplieron 100 años, efectuaron gozosos la matanza de Yekaterimburgo, masacrando al Zar Nicolás y a toda su familia, incluido el pequeño zarévich Alekséi. Masacre donde al agotarse las balas bien salieron a escena las bayonetas para no ahorrar la sangre que todo ritual satánico requiere.  Esos tan orgullosos de decir que o fueron comunistas o siguen siéndolo. Esos que ahora abandonaron la Venezuela que ellos mismos ayudaron a destruir y bien en Europa o en América se jactan de una persecución política que no siempre es cierta y además se presentan ante los que por décadas calificaron como “Gusanos” a exigirles lo que jamás le dieron ellos al mártir pueblo cubano: Solidaridad y ayuda en su lucha. Esos que ni los conmovieron los fusilamientos, ni las torturas de un asesino como Ernesto Che Guevara, su crueldad contra los homosexuales y su gusto sádico por matar jóvenes de un tiro en la sien… Esos que si les preguntas por una vieja embarcación, conocida como “Remolcador 13 de Marzo” que fue hundida a 7 millas de la bahía de La Habana la madrugada del 13 de julio de 1994 por órdenes directas de los tiranos Castro y donde murieron ahogados 41 de sus 72 desesperados pasajeros incluidos en ese número 11 niños, ni saben y menos les importa. 

Ni cuestionaron, ni condenaron a la horda asesina vestida de verde oliva que terminó con los sueños, los derechos y la libertad en Cuba. Hoy siguen sin pedirle  cuentas a esa pandilla comunista que en aplastantes orgias de sangre sembraron el pánico, indujeron al éxodo y con la misma criminalidad han escenificado cantidad de episodios en esa obra siniestra que ya llevan escribiendo casi 60 años y que en nuestro país padecemos hace ya 19 años. 

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Pero no todos bailan pegado con los amos antillanos, no todos se sienten orgullosos de ser una colonia cubana… No todos esgrimen el comunismo como un valor curricular. La valiente María Corina Machado es una líder que no solo enfrenta a la narcotiranía gobernante sino también a una seudo oposición que la detesta porque con ella ven terminados sus negocios, sus farsas y sus cuoticas de poder que les dejan Maduro, sus amos cubanos y la pandilla criolla que funge como equipo de gobierno. 

María Corina Machado, quien nuevamente paraliza con su valor y dice: “Ha aumentado el número de agentes cubanos en Venezuela”, que señala con exactitud que están en Fuerte Tiuna -la mayor fortaleza militar del país- y desde allí cuidan muy bien esta gallina de los huevos de oro que no pueden perder, y que pareciera que militares que recuperan su honestidad y su coraje, ya no quieren seguir entregándoles. 

 

María Coraje, como ya le llaman millones, insta a romper con las mafias en el Poder. Llama a las fuerzas morales, institucionales, internacionales y populares a entrompar esta tragedia y ponerle fin. Nos dice que no podemos fingir no ver que más de 60% del territorio venezolano está controlado por paramilitares, terroristas y narcotraficantes. Que la salida no es la electoral, sino a través de la presión interna e internacional para lograr un cambio político, a través de las protestas y no con esa farsa del voto en tiranía que vuelven a convocar Maduro y por supuesto los farsantes de una oposición muy bien organizada también por los cubanos castristas. 

No queda tiempo. No nos lo perdonaría ni el mismo Dios olvidar a las víctimas, a los muertos caídos defendiendo la libertad y soñando futuro digno y en paz. No es posible ya la ingenua aceptación de una “rectificación” que ni saben cómo hacerla ni tienen la más mínima intención de hacerla. Rectificación de la boca para afuera y que no revive miles de muertos por violencia, hambre, falta de medicamentos, rectificación que no restará ni un solo sufrimiento a los que han sido estafados con promesas falsas y con ese cuento palurdo que pone a Dios como el dueño del tiempo perdido. 

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