Donald Trump estudia enviar 3.000 soldados a Afganistán para combatir a los talibanes

Donald Trump estudia una nueva estrategia para Afganistán que incluye el envío de 3.000 soldados y ceder poder al Pentágono, elaborada por asesores militares y en política exterior.

De acuerdo con funcionarios estadounidenses consultados por el Washington Post, el envío de más tropas tiene como objetivo devolver a la mesa de negociación a los talibanes, “cada vez más seguros” y combativos.

La semana pasada, una funcionaria del Pentágono explicó que la intención es “moverse más allá del impasse y reconocer que Afganistán es un socio muy importante para Estados Unidos en una región muy complicada”. El despliegue solicitado estaría conformado por asesores militares que tendrían como misión asistir al ejército y a la policía afganas en el marco de la lucha contra los talibanes.

Un grupo de talibanes en Afganistán (AP)

Un grupo de talibanes en Afganistán (AP)

Si Trump da el visto bueno al nuevo plan, el número de soldados estadounidenses pasaría de 8.400 a 11.400.

Además, serían a partir de ahora los militares del Pentágono, y no la Casa Blanca, los responsables de retirar o desplegar nuevos agentes. Según The Washington Post, la estrategia nueva está ideada por el teniente general H.R. McMaster, asesor de Seguridad Nacional del presidente.

El teniente general H. R. McMaster fue nombrado como sucesor de Flynn (20 de febrero) (Reuters)

El teniente general H. R. McMaster fue nombrado como sucesor de Flynn (20 de febrero) (Reuters)

Estados Unidos llegó a tener 100.000 soldados desplegados en Afganistán durante la presidencia de Barack Obama cuando en 2011 mató en el vecino Pakistán al líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden.

Los que se oponen a esta nueva estrategia intervencionista argumentan que ni siquiera entonces Obama logró concesiones militares de los talibanes. Trump llegó a la Casa Blanca con la promesa de reducir el intervencionismo militar de Estados Unidos en el exterior, pero también con la de combatir al terrorismo.

A mediados de abril utilizó por primera vez la mayor bomba no-nuclear, un gigantesco proyectil de 10 toneladas, para destruir un complejo sistema de túneles del grupo terrorista Estado Islámico en Afganistán.