El “bum bum” de Anitta: un fenómeno brasileño en el centro de la revolución feminista

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Le das play y ahí está ella o, más bien, una parte de ella, sensual y celebrada. A bordo de un shorcito rojo del que asoma la tanga animal print, mueve airosa el trasero en el video de Vai Malandra (Vamos chica mala/bandida), bacanal de funk y erotismo en las terrazas de Vidigal, una favela desde la cual se ven algunas de las mejores postales de Rio.

En este video, Anitta -a punto de cumplir 25 años, pelo largo y trenzado, piel morena, uñas largas y curvas- aparece como un fenómeno que le hace un tajo transversal a las clases sociales en Brasil y desafía todo prejuicio. Desde su lanzamiento, a fines de diciembre, el video fue visto más de 210 millones de veces y el tema resultó el más escuchado en portugués en Spotify, en todo el mundo. Pero el culo de Anita dice mucho más que esos récords.
La letra de “Vai malandra” es entre pícara y lasciva, al igual que sus imágenesLa letra de “Vai malandra” es entre pícara y lasciva, al igual que sus imágenes

Capturado en primerísimo plano y sin photoshop por pedido de su dueña, la imagen del bum bum confirma que Anitta no solo tiene un físico descomunal sino que, como el resto de las mujeres reales, tiene celulitis. Y estrías. A contramano de la convención, su decisión de prescindir del photoshop y mostrarlo al natural no espantó a nadie y, por el contrario, enamoró a todos convirtiendo su osadía en un gesto inspirador.

“Anitta, el 100% de las mujeres brasileñas te agradecen”, fue uno de los mensajes en las redes. “Nunca sentí tanto orgullo por una cantante brasileña”, tuiteó otra.
La imagen que sorprendió a todos y que resultó inspiradora

“Mi voluntad era decir que aunque muestro la celulitis, el clip no deja de ser bonito, sexy, sensual. Sabía que ese era el mensaje que quería dar, pero no sabía que la conmoción iba a ser tan grande. Tomé mi culo como es, no usé retoques,no quise trucos de video para adelgazarlo ni que quitaran la celulitis. Esa escena es mi forma de trabajar la autoestima femenina”, dijo, cuando le preguntaron.

“No soy perfecta y quería que las mujeres se identificaran con eso”, razonó la muchacha que es imitada en su país por mujeres de todas las edades, fascinadas por su figura y por su estilo. Todas quieren hacer el quadradinho (equivalente al twerking o perreo) como ella, ese baile en el que la mujer quiebra la cintura para agitar el trasero a derecha y a izquierda, arriba y abajo. Un ejercicio que “permite” apoyar un vaso en esa singular mesita de carne y hueso. Y de esto habla también la canción, cuya letra camina en el delicado precipicio que se abre entre la picardía y la vulgaridad.

En el video, Anitta -acompañada por el norteamericano Maejor y los brasileños, músicos Tropkillaz y DJ Yuri Martins de funk- recorre la favela al ritmo de la canción más pegadiza del mundo. Tumbonas de plástico, mesas de pool, gallinas, piletas de plástico, gorras con viseras y cabezas rapadas en los muchachos. Banderas verdeamarelas. Tatuajes infinitos y gordos collares dorados sobre los pechos masculinos; aros descomunales, microbikinis de cinta adhesiva y tacos altísimos, en los cuerpazos de las mujeres: esa es la postal de una celebración marginal y popular. Todos se miran y se tocan o se dejan tocar. En este paisaje reina el cuerpo aceitado de Anitta, diosa indiscutida de la “civilización del culo”, como llamó a mediados de los 60 a la actual era de cuerpos en exhibición el personaje de Pierrot le fou, de Godard, que interpretaba Jean Paul Belmondo.
Anitta, en una de sus presentaciones habitualesAnitta, en una de sus presentaciones habituales

Anitta se muestra y se ofrece, nada en ella inspira la idea de sometimiento. La letra de Vai malandra es fuerte, lasciva. Su gesto de no dejarse retocar la cola para el clip parece una respuesta a los reclamos de décadas de las defensoras de los derechos de las mujeres.

Hay feministas, intelectuales y activistas de izquierda que ovacionan a Anitta por el video, por lo que muestra y por cómo lo muestra. Aunque existen, son escasas en cambio las voces que la cuestionan y todas las críticas llegan por el lado de quienes se indignan porque Anitta “se apropia” de los atributos de la negritud “cuando le conviene” y las que le atribuyen celebrar la “cosificación” y pinchar un momento excepcional de la militancia talibán feminista: son las mismas capaces de criticar a Jennifer Lawrence por aparecer en una foto con los hombros y una de sus piernas al aire en un Londres helado, mientras los hombres que la acompañan en la misma imagen visten ropa invernal.
Imagen del videoclip de “Downtown”, junto al colombiano J Balvin

Anitta no nació con ese nombre y tampoco con su aspecto actual. En su documento figura con el nombre de Larissa de Macedo Machado y es hija de un vendedor de repuestos de autos y de una artesana. Tiene un hermano, Renan, a quien llaman hoy Anitto, no hay que explicar por qué. Ambos crecieron en Honório Gurgel, un barrio de clase media baja en la periferia norte de Rio. Aunque no vivió en la favela, sí es hija de la mixtura brasileña, con madre blanca y padre negro y de Minas Gerais.

De chiquita imitaba a Britney Spears frente al espejo y a los 8 años, por iniciativa de su abuelo, empezó a cantar en la Iglesia. Anitta pertenece a una generación para la cual las redes sociales reemplazaron al tradicional espejo en el que todos hacíamos nuestras monerías. Hoy todo se refleja ahí, por lo que ella muy pronto empezó a exhibir sus habilidades.

Un día, posteó en Youtube un video en el que cantaba funk usando un frasco de perfume como micrófono y un productor la convocó a una compañía famosa de funk carioca, donde dio sus primeros pasos. Lo suyo era -y de algún modo es- lo que suele llamarse funk melody, un subgénero con más melodía y sin palabrotas ni groserías. Aunque consiguió una modesta publicidad y comenzó a llegar a cierto público, Anitta -quien tomó su nombre del de la protagonista de la telenovela Presença de Anita, un personaje que conseguía “ser sexy sin ser vulgar y al mismo tiempo ser niña y mujer”, según su definición- quería ir por mucho más.
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“Quería ser grande y la estructura era muy precaria. Yo quería un plan, una estrategia”, dijo. Y entonces la tuvo y se convirtió en un “producto” exitoso. En 2012, la productora Kamilla Fialho la vio y decidió invertir en ella, en primer lugar, comprándosela a la productora anterior. Luego puso dinero en las siliconas que enriquecieron los pechos de Anitta y también en la rinoplastía que hizo menos afro su nariz. Después fue el turno de la rutina de ejercicios intensos, el estilista personal, la fonoaudióloga, una actriz coach para enseñarle a moverse y a hablar con el público y al mismo tiempo las clases de canto y danza. “Ella solo precisaba ‘gasolina’ para despegar”, declaró Fialho.
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Entonces, sí, llegó el éxito franco, los shows a diario y de hasta tres por noche, apuntalada siempre por un nebulizador para poder sostener el aire. El primer gran hit fue el Show de las poderosas, un clip en el que puso en escena todo lo conseguido y luego llegaría Meiga e abusada, grabado en Las Vegas y dirigido por Blake Farber. Momento cumbre, ya en contrato con la Warner y con la estampida de sus temas en los charts internacionales, millones de seguidores y también las primeras críticas serias de plagio a artistas como Beyoncé o Katie Perry.

Un quadradinho de Anitta. (TheMegaAgency.com)
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Últimamente Anitta no es solo tema de las publicaciones de chismes o de espectáculos sino motivo de reflexiones de alto vuelo en columnas de opinión de grandes diarios. “Algunos ven en ese video más méritos que deméritos; dicen que la cantante está “empoderando” a las mujeres y resignificando las fantasías masculinas (…) Traseros con celulitis y poses lascivas ostensiblemente libertinas serían los vehículos para la exposición plena de una chica “traviesa” que conoce los caminos y sabe imponerse”, escribió Marco Aurelio Nogueira en Estadao.

Una de las mayores críticas Anitta las recibió porque el director del clip de Vai Malandra fue el estadounidense Terry Richardson (52), quien el año pasado fue denunciado por abusos sexuales, lo que derivó -entre otras cosas- en que revistas como Vogue y Vanity Fair tomaran la decisión de excluirlo de sus proyectos.

A propósito de los cuestionamientos por supuesta cosificación y por la presencia de Richardson en la producción del video, la agencia AFP entrevistó a Anitta y le preguntó, entre otras cosas, si se consideraba feminista. La respuesta fue “Sí”.

La cantante, quien desde hace un tiempo viaja continuamente por el continente y ya consiguió imponer su estilo y su música en diferentes regiones, agregó: “Y yo, como mujer, intento hacer mi parte. Falta mucho aún para que todas nosotras tengamos los mismos derechos. El machismo en Brasil es muy grande, pero creo en el cambio y juntas somos más fuertes”.

“Anitta es un fenómeno porque es muy inteligente, produce ella misma sus videoclips y es una voz súper fuerte entre las jóvenes de las favelas”, cuenta a Infobae Cultura la periodista brasileña Stela Jordy. “Ella canta, danza y participa activamente de las estrategias de marketing y co branding. Transita muy bien por todas las clase sociales y es muy perspicaz. Para que tengas una idea, la patinadora artistica (de hielo) que representa a Brasil en los juegos de invierno de PyeongChang, Isadora Williams, contó que para la presentación se entrenó con la musica de Vai Malandra”, dijo Jordy, quien además recordó que por estos días a la artista le cursaron una invitación para ir a dar una charla a Harvard. No nos alarmemos: quienes la invitan son estudiantes brasileños de esa universidad en los Estados Unidos y no la propia universidad. Ella aún no dijo si aceptaba ir.
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Mientras tanto, cada día crece exponencialmente el público que visita el video de Vai Malandra y también, en simultáneo, el de Downtown, donde Anitta canta a dúo en español con el colombiano J Balvin (ya tiene 155 millones de visualizaciones). Este clip, como conviene al género, va mucho más allá de lo sugerente, con una estética de película del Hollywood de oro y con un texto en el que la mujer dice que le gusta que “él baje downtown” y le pide “que se quede ahí, enviciado”.

Una letra en la que, acorde a los tiempos que corren, lejos de todo matiz de sumisión -y a tono con el carácter de la muchacha que impulsa el placer ajeno pero no permitió que le tocaran con tecnología el bum bum en un video- ella pone las cosas en claro en el final de la canción. Es cuando canta:

En las noches soy yo la que define
Todo a lo que va a pasar
A mí no me tienes que mandar

No menciona al patriarcado, Anitta, no lo necesita.

Feminismo sin marco teórico, lo llaman.

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