Antonio Da costa Gómez, El caballero de la poesía

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Por: Bienvenido Matos Pérez

¿Cuántos amigos usted tiene?, ¿Los ha contado alguna vez? Pero yo hablo de amigos, de personas con las que se puede contar en un momento determinado, no me refiero a conocidos a gente con las que uno se encuentra en estas calles de Dios y se saluda por un ejercicio tradicional de la decencia o por un exceso de cariño con el que los que provienen de un noble hogar suelen actuar en la vida.

¿Entre todos los amigos que tienes hay un amigo poeta? Quizás mis preguntas les parezcan tontas, capciosas, porque los amigos son amigos y quien los acepta no tiene que saber lo que son, ¡Cierto! Así decía mi querido padre, nunca traiciones a un amigo ni siquiera para tu propio beneficio ni con el olvido.

Es posible que mis preguntas le confundan aún más pero las hago porque los poetas no abundan, no son tantos, estadística y matemáticamente son un porciento extremadamente reducido y si es verdad que los amigos son como los diamantes preciosos pero raros entonces tener un amigo poeta es un privilegio, es una riqueza inmensa, es tener el cariño y los afectos y contar con un ser extraño pero raro, con un hijo de los Dioses, con un ser que es luz en las tinieblas de la vida, sombra en la calidez de estos tiempos difíciles, es decir que es como un bálsamo para curar las heridas que nos causa la vida.

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Y pudiera ser que la generalidad de la gente no sepan de poetas ni de poesías y que ese desconocimiento no les permita valorar al amigo poeta, pero la poesía es más que una definición porque tiene tantas que a veces es imposible definirla, yo he creído la poesías como la esencia de la vida, como la bendición de los Dioses sobre los mortales, porque en la poesía cabe la vida toda, cabe el mundo, la tierra y el espacio y si algo nos sostiene como universo es la esencia misma de la poesía.

¿A estas alturas se estará usted preguntando, pero tantas palabras para qué? Yo debo responderle que este exceso de palabras este largo introito de verbos se producen para hablar de un poeta, un hombre extraordinario que camino este pueblo de arriba hacia abajo con la frente en alto y que vio los que habitamos este terruño que fue su tierra como miran a sus semejantes los hombres dotados de elevadas virtudes y que miro siempre a lo alto para agradecer a Dios la obra de su creación y que observo la tierra que pisaban sus pies para no herir con estos las criaturas creadas por el altísimo y que tenían como el derechos intrínsecos de habitar entre nosotros.

Ese hombre que vino a cumplir su misión de poeta se llamo Antonio Da costa Gómez, a quien yo he llamado por la gracia de su poesía, por la impronta de nombre noble que le siguió “El caballero de la poesía”, Nació en la bella y fértil villa de duverge conocida para entonces como las damas, lugar de grata recordación por la hidalguía de sus hombres, por el amor con que preñaban la tierra para hacerla fértil y por las bellezas de sus mujeres que parecían bronceadas por el sol con el propósito de hacerlas más bellas y diferenciarlas de las otras mujeres.

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