“Alrededor de la muerte de Trotsky existen muchos misterios sin resolver”

SANTO DOMINGO. El más importante escritor asistente este año a la Feria Internacional del Libro es el Premio Princesa de Asturias Leonardo Padura (La Habana, 1950), autor entre otros del que probablemente sea su mejor novela “El hombre que amaba los perros” acerca de la muerte de Trotsky, en México, en 1940. Ramón Mercader, su asesino, se llamaba Jaime Ramón Mercader del Río; había sido también Frank Jacson y Jean Monard. Está enterrado en Moscú bajo el nombre de Ramón Ivánovich López y vivió sus últimos años en Cuba, donde falleció víctima de cáncer de pulmón a los 65 años, el 19 de octubre de 1978. Su mamá, Caridad Mercader, había nacido en Santiago de Cuba. Diario Libre conversó con Padura, en la noche sabatina, en la hospitalaria terraza de la residencia de Pedro Ramón López.

—¿Cuáles son los misterios que hay todavía sobre Mercader y Trotsky?

Alrededor del asesinato de Trotsky existen toda una serie de misterios, que nunca se resolvieron, porque como los archivos relacionados con la investigación los tenía todos en sus manos Stalin, esos documentos los quemaba periódicamente. Está probado que los quemaba periódicamente. Apareció muy poco en los archivos de Moscú. Pero apareció uno muy enigmático, muy interesante, que trataba sobre la existencia de varios agentes españoles igual que Ramón Mercader en México. Y uno de esos aparece mencionado en ese documento y el nombre de guerra era Felipe. Nunca se ha sabido quién era Felipe. Ese Felipe puede haber sido cualquier persona; es el abuelo de alguien, o vivió en Madrid o en Barcelona o en Moscú. Sabe Dios, porque nunca se ha sabido la verdadera id entidad de este hombre. Y hay una serie de misterios de este tipo. Tú me hablabas de un soviético que tuvo un pequeño negocio frente a la casa de Trotsky y posiblemente sea una persona que tuvo después relación con Cuba. Es probable. Pero nunca se supo la identidad de estas personas.

—¿Tuvo oportunidad de investigar en el lugar de los hechos?

Yo estuve en Coyoacán varias veces. Pero cuando estaba haciendo la novela no fui, porque a mí la altura me afecta mucho. Y he dejado de ir a México por eso. Pero conozco bien el lugar.

—¿Y dentro de las investigaciones, a qué archivos tuvo acceso?

No, a archivos no. Trabajé con bibliografía. Trabajé con libros. En Cuba puede haber algunos archivos en que se mencione a Mercader, pero esos archivos están muy cerrados. A Moscú no tenía sentido que fuera porque yo no leo en ruso. Y entonces lo que hice fue que leí documentos que fueron sacados de esos archivos y que fueron publicados. Hay por ejemplo un libro muy interesante publicado por tres historiadores españoles titulado “España traicionada”, que son documentos comentados. Pero son documentos encontrados en los archivos de Moscú, que hablan del papel de los agentes soviéticos en la República Española.

—¿La novela se ha publicado en Rusia?

No. No se ha publicado en Rusia. No sé qué pasa con los rusos y la novela. Se ha hablado varias veces con traductores y editores. Han mostrado interés. He hablado con periodistas rusos. Rusia Today me entrevistó recientemente, pero no sé qué pasa, si todavía el tema para ellos puede ser complicado.

—¿Y entre las investigaciones que hace sobre sus personajes, por ejemplo Trotsky, averigua sus gustos gastronómicos, cosas raras…?

Sí. Porque yo creo que por pequeños detalles se te revela mucho la psicología de un personaje. Por ejemplo, Trotsky, siendo judío ruso-ucraniano, prefería el café antes que el té. Y ese es un elemento interesante. A mí me fue también muy interesante descubrir que José María Heredia, el plato que más le gustaba era el guiso de quimbombó (m ). Cuando descubrí eso, yo que soy fanático del guiso de quimbombó, me di cuenta que entre Heredia y yo, la distancia cultural era mínima. Y que ese tipo era tan cubano como yo, en un momento en que Cuba se estaba inventando. Con Rembrandt me fue muy importante descubrir que tenía problemas en la dentadura; que tenía dientes careados, porque se hizo aficionado a unos caramelos que se hacían en Amsterdam con las mieles que traían de Pernambuco, donde había una colonia holandesa en el norte de Brasil. Y esos caramelos le picaron los dientes. E imagino que en parte el mal carácter de Rembrandt se debe al dolor de muelas, porque eso pone bastante frenético a las personas. Y esos detallitos te rebelan mucho de la personalidad de alguien.

—¿Qué papel juega la música en su creación?

La música es un acompañante de mi trabajo. No la oigo mientras trabajo, no puedo trabajar con música. Pero la música y los músicos sobre todo. A mí más que la música, me interesan los personajes, los músicos. Yo creo que son unos tipos fabulosos, y por eso he escrito tanto sobre música. Porque a través de los músicos he llegado a la música. Sobre todo los músicos cubanos de toda la época republicana que está llena de unos personajes absolutamente fabulosos. Por eso escribí de Chori, de Chano Pozo, de toda esa gente. De Mongo Santamaría, Manengue, todos esos personajes que llenaron toda una época de la vida cubana y que son muy representativos de lo que fue la cultura en Cuba en esos años 40, 50 que con todo esplendor creo que fue el momento más alto de la música cubana.

—Viendo el momento actual, ¿hacia donde cree Ud. que va la cultura cubana?

Creo que la cultura cubana tiene que replantearse muchas cosas. Desde el nivel oficial hasta el nivel creativo, porque además la cultura es una estructura, es un organismo en el que todas las partes son importantes, desde la creación, hasta la producción y hasta la difusión que se haga de esa producción. En el caso cubano las estructuras que todavía existen son unas estructuras que no se corresponden con la época que estamos viviendo. Por ejemplo, pretender censurar una película en estos momentos es un acto de soberbia, no es un acto inteligente. Porque existen una serie de soportes de difusión de los audiovisuales y de la literatura, que por ejemplo mis libros están en el paquete. Alguien puede con las películas de la semana comprar las novelas mías que están digitalizadas en el paquete. Entonces, hay que tener una percepción distinta de lo que es el fenómeno cultural y a nivel de la creación también. Creo que hay más escritores cubanos pensando en tratar de publicar en una editorial fuera de Cuba, que en literatura. Y pintores que piensan más en vender el cuadro que en pintura, y músicos que piensan más en entrar en un circuito comercial que en la música. Y es lógico porque no existen estructuras internas dentro de la producción artística cubana que le permita a estos creadores tener una posibilidad de realización de su trabajo, y una recompensa necesaria. Porque el dinero es muy importante para el artista. El dinero es el que le permite seguir creando. No es que te compres un yate. Se trata de que puedas comer y puedas crear. Hay que tener en cuenta esto. Si un escritor escribe una novela, y después le pagan cinco mil pesos cubanos, que son unos 200 dólares por el trabajo de tres o cuatro años, esa recompensa no compensa el esfuerzo, y difícilmente ese escritor vuelva a escribir otra novela.

—¿Tuvo Ud. posibilidad de conocer a Ramón Mercader en Cuba, donde vivió después de cumplir condena?

No, no, no. Mercader vivió en Cuba entre 1974 y 1978 Pero si en esa época alguien me hubiera dicho ese es Ramón Mercader, no hubiera sabido quien era. Y si me hubieran dicho que era Ramón López menos todavía. Eso fue lo que le pasó a Titón (Tomás Gutiérrez Alea, el más importante director de cine cubano), quien lo conoce por pura casualidad paseando un día por 5ta Avenida. Titón iba caminando un día por 5ta Avenida, y se encuentra con un señor que iba paseando con unos perros espectaculares. Y Titón en esa época estaba preparando la película “Los Sobrevivientes”, que como sabes es parte de un cuento de Antonio Benítez Rojo, sobre una familia burguesa cubana que decide quedarse en su casa, a esperar que pase, ‘eso’ que está ocurriendo afuera que es la Revolución. Y esa familia en su momento de esplendor tiene unos perros tan aristocráticos como ellos. Y cuando Titón vio esos perros se enamoró de los perros. Y empezó a hablar con este hombre, a ver si podía filmar a los perros. Evidentemente Mercader pidió permiso para poder acceder. Y cuando le dijo que sí a Titón, parece que Titón habló en el ICAIC (Institutco Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica) y se lo dijo a Alfredo y aquel le dijo “Tú sabes quién es ese hombre?”. Y es cuando él se entera de que ese hombre que llevaba los perros a las filmaciones de Los Sobrevivientes” era Ramón Mercader. O sea los perros de Ramón Mercader son parte de la historia del cine cubano; aparecen, se ven, en la historia del cine cubano. Ese era el hombre que amaba a los perros. Y esto es algi también interesante: cuando Tit´’on se enferma, en los 90, sabes que murió de cáncer, una amiga de Mirta Ibarra (actriz), su mujer, le lleva un bastón y le cuenta la historia de ese bastón. Que fue el bastón que uso en sus meses finales en Cuba. O sea, Titón tiene una doble conexión con Mercader: los perros y el bastón. Es un bastón uzbeko, que es una obra de arte, es un bastón bellísimo, que le mandó de Moscú el hermano de Mercader y quedó en manos de una amiga de Mercader y por eso se lo prestan a Titón.

—¿La novela se ha publicado en Rusia?

No. No se ha publicado en Rusia. No sé qué pasa con los rusos y la novela. Se ha hablado varias veces con traductores y editores. Han mostrado interés. He hablado con periodistas rusos. Rusia Today me entrevistó recientemente, pero no sé qué pasa, si todavía el tema para ellos puede ser complicado.

—¿Y entre las investigaciones que hace sobre sus personajes, por ejemplo Trotsky, averigua sus gustos gastronómicos, cosas raras…?

Sí. Porque yo creo que por pequeños detalles se te revela mucho la psicología de un personaje. Por ejemplo, Trotsky, siendo judío ruso-ucraniano, prefería el café antes que el té. Y ese es un elemento interesante. A mí me fue también muy interesante descubrir que José María Heredia, el plato que más le gustaba era el guiso de quimbombó (m ). Cuando descubrí eso, yo que soy fanático del guiso de quimbombó, me di cuenta que entre Heredia y yo, la distancia cultural era mínima. Y que ese tipo era tan cubano como yo, en un momento en que Cuba se estaba inventando. Con Rembrandt me fue muy importante descubrir que tenía problemas en la dentadura; que tenía dientes careados, porque se hizo aficionado a unos caramelos que se hacían en Amsterdam con las mieles que traían de Pernambuco, donde había una colonia holandesa en el norte de Brasil. Y esos caramelos le picaron los dientes. E imagino que en parte el mal carácter de Rembrandt se debe al dolor de muelas, porque eso pone bastante frenético a las personas. Y esos detallitos te rebelan mucho de la personalidad de alguien.

—¿Qué papel juega la música en su creación?

La música es un acompañante de mi trabajo. No la oigo mientras trabajo, no puedo trabajar con música. Pero la música y los músicos sobre todo. A mí más que la música, me interesan los personajes, los músicos. Yo creo que son unos tipos fabulosos, y por eso he escrito tanto sobre música. Porque a través de los músicos he llegado a la música. Sobre todo los músicos cubanos de toda la época republicana que está llena de unos personajes absolutamente fabulosos. Por eso escribí de Chori, de Chano Pozo, de toda esa gente. De Mongo Santamaría, Manengue, todos esos personajes que llenaron toda una época de la vida cubana y que son muy representativos de lo que fue la cultura en Cuba en esos años 40, 50 que con todo esplendor creo que fue el momento más alto de la música cubana.

—Viendo el momento actual, ¿hacia donde cree Ud. que va la cultura cubana?

Creo que la cultura cubana tiene que replantearse muchas cosas. Desde el nivel oficial hasta el nivel creativo, porque además la cultura es una estructura, es un organismo en el que todas las partes son importantes, desde la creación, hasta la producción y hasta la difusión que se haga de esa producción. En el caso cubano las estructuras que todavía existen son unas estructuras que no se corresponden con la época que estamos viviendo. Por ejemplo, pretender censurar una película en estos momentos es un acto de soberbia, no es un acto inteligente. Porque existen una serie de soportes de difusión de los audiovisuales y de la literatura, que por ejemplo mis libros están en el paquete. Alguien puede con las películas de la semana comprar las novelas mías que están digitalizadas en el paquete. Entonces, hay que tener una percepción distinta de lo que es el fenómeno cultural y a nivel de la creación también. Creo que hay más escritores cubanos pensando en tratar de publicar en una editorial fuera de Cuba, que en literatura. Y pintores que piensan más en vender el cuadro que en pintura, y músicos que piensan más en entrar en un circuito comercial que en la música. Y es lógico porque no existen estructuras internas dentro de la producción artística cubana que le permita a estos creadores tener una posibilidad de realización de su trabajo, y una recompensa necesaria. Porque el dinero es muy importante para el artista. El dinero es el que le permite seguir creando. No es que te compres un yate. Se trata de que puedas comer y puedas crear. Hay que tener en cuenta esto. Si un escritor escribe una novela, y después le pagan cinco mil pesos cubanos, que son unos 200 dólares por el trabajo de tres o cuatro años, esa recompensa no compensa el esfuerzo, y difícilmente ese escritor vuelva a escribir otra novela.

—Desde fuera uno advierte que hay hoy en día una retranca cultural.

Creo que hay una regresión. En cuanto a las posibilidades que se abrieron. Vuelven a haber prohibiciones, vuelve a haber censura. Pero son como mecanismos que no tienen sentido en los momentos que se están viviendo, de producción, de difusión. Lo que pasó en los años 70 en Cuba ya no podría volver a pasar aunque lo quisieran profundamente. Y si vuelve a ocurrir algo parecido, va a ser en detrimento de la cultura cubana. No a favor de la cultura, de la ciudadanía, o de la nación o de la Patria, o de lo que quieras poner.